Recuerdos de Tetuán de las Victorias: “Un día perfecto”

Por Manuel Michelena
Fotografía: José Luis Berzal. Archivo de Madrid.

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Cuando tienes 13 años casi todos los días son perfectos. Verano del 50; salgo a la calle para planificar con mi pandilla qué podríamos hacer hoy. Paco y Mariano están trabajando con su padre.

A Pablo y a José no les gusta lo que les propongo, al final me quedo solo y tengo que ir a la calle Tremp, para buscar compañía. Normalmente son nuestros enemigos, pero a veces nos juntamos para ir de “Drea” contra el barrio de los gitanos, que son muy numerosos y violentos. Yo tengo un labio partido como herida de guerra de esas confrontaciones, aunque como justa correspondencia tengo en mi haber varios porrazos en la cabeza con brecha incluida. Quedamos de acuerdo en pasar el día en la piscina del barrio que tenía un nombre muy marítimo: Tritón.

Fotos antiguas de Tetuán

Foto: Niños jugando en el barrio de Cuatro Caminos. Foto: José Luis Berzal.

Pedía a mi madre un bocadillo para pasar el día en la piscina, aunque el objetivo real era que yo no tendría que pasar lista hasta la noche. Con esa tranquilidad convencí al Pichi y al Toni de los planes de piscina y allá que nos fuimos a primera hora de la mañana. Tengo que decir a mi favor que yo no pagaba en la piscina, porque éramos sus vecinos, aunque a veces en justa correspondencia ayudaba en los vestuarios los días de mucho jaleo.

Empezamos la jornada, con el agua bastante fresquita, pero a base de tirarnos del trampolín y bajar después a las anillas nos fuimos calentando. Al cabo de dos horas mis socios de aventuras, no pudieron soportar escuchar más de tres veces por el tocadiscos de la piscina a C. Morel y P. Blanco cantar eso de “me debes un beso, no quieres pagarlo…” y otra canción que decía: “ Es toda mi ilusión, pertenecer al chico del trombón.” Estaban acostumbrados a emociones mas fuertes, así que a partir de ese momento tomaron la iniciativa.

Salimos de la piscina y calle arriba Francisco de Diego, llegamos a la Dehesa de la Villa, fuimos por la calle Pirineos hasta Francos Rodríguez y a la altura del colegio de la Paloma tomamos un tranvía. Yo siempre había pagado ese viaje, pero esta vez tomamos el tope y estos artistas me enseñaron el como hacerlo incluido cuando el tranvía estaba en marcha. Nos subimos al 3 que hacía el trayecto de Peña Grande a Cuatro Caminos.

Fotos antiguas de Tetuan Madrid 2

Foto: Niños en el barrio Cuatro Caminos. Foto: José Luis Berzal

Estaba también el 11 que hacía el trayecto de Quevedo, colegio la Paloma, pero este que era más moderno que el 3, tenía las toperas más estrechas y solo lo utilizaban los más expertos, entre los que yo no me encontraba. Me gustó esto del tope y muchas veces en compañía de mis amigos del barrio, bajábamos a toda leche hasta Peña Grande que era todo cuesta abajo. A veces el billete lo pagábamos en especie, pues había algún ferroviario con mala leche, que nos tiraba arena desde los asientos de atrás hasta conseguir que nos bajáramos, pegándonos unas de hostias, que no veas…

Sigamos con lo nuestro, era la hora del aperitivo y nos apeamos de nuestros asientos de preferencia a la altura del bar la Balma, en Francos Rodríguez, esquina a Pedro Mur.

Había una maquina americana de lanzamiento de bolas, que al bajar se colaban por unos agujeros, y se iban bajando persianas. Cuando se bajaban todas el bar te invitaba a un vermú.Mis amigos ya le tenían cogido el tranquillo a la máquina y ganaban siempre. El truco consistía en levantar la máquina desde donde tirabas las bolas y hacer que todas subieran para que al bajar nuevamente cerraran todas las persianas. Además había un agujero que ponía doble score con lo que obtenías premio doble y bajábamos y subíamos las bolas hasta colarla en el agujerito.

Tomábamos nuestros vermús por 10 céntimos, servidos por la cara de desconfianza del camarero que no se explicaba que estos golfos siempre sacaran premio.

Cogimos el 3 nuevamente y Francos Rodríguez adelante llegamos a la altura del cine Bellas Vistas, donde a pocos metros había un puesto de melones. Era el melonero un tipo muy famoso en el barrio. Se llamaba Marchena y los melones los traía de Villaconejos. Eran estos melones, muy grandes de color verde intenso rayados y que aguantaban hasta final de temporada. No los he vuelto a ver. Preguntando un día en Villaconejos, me dijeron que esa semilla se había perdido, ahora solo tenemos el puto piel de sapo que al parecer es más productivo ¡qué pena!

Fotos antiguas de Tetuan Madrid

Foto: Niñas a las salida del colegio (Tetuán, Madrid). Foto: José Luis Berzal

Nuestro objetivo no era el puesto de melones sino una mantequería cercana que tenían el escaparate lleno de quesos y embutidos y en la parte más cercana a la calle una montaña de caramelos. Las cristaleras se juntaban habiendo ángulo y habían utilizado chapuceramente para juntarlos una especie de chapa, objetivo chupado para mis amigos. Saco una navaja el Toni y nos dijo que tapáramos el escaparate, manipulando un poco la hojalata, empezaron a salir caramelos en cascada que parecía aquello una diarrea incontrolada.

Discretamente abandonamos el lugar poniendo la hojalata en su lugar de origen. Avanzamos unos pocos metros y llegamos a Jerónima Llorente; a las estraperlistas que allí había vendiendo pan y tabaco, les cambiamos dos puñados de caramelos por unos cigarros Bubi, y llegando la hora de comer nos planteamos donde hacerlo y decidimos ir al Caño Gordo porque allí se estaba muy fresquito.

Enfilamos J. Llorente todo cuesta abajo hasta cruzar Federico Rubio y Galí, justo en la esquina había una taberna que llamaban Cantarrana donde en un gran jardín la gente jugaba a la rana y se bebían amigablemente su botellita de vino.

Pasó el Toni a mear y a la vuelta venia con una botella de gaseosa de las que traían el corcho atado con una cuerda. Yo no le pregunte como la había conseguido, era un chico de muchos recursos. Fresquita nos supo a gloria. Seguimos cuesta abajo, cruzando el canalillo por un acueducto que llegaba hasta Reina Victoria y enseguida llegamos al Caña gordo. Estuvimos echándonos agua de los chorros que allí había y no se puede decir que aquello estuviera cuidado. Había unas edificaciones de ladrillo derruidas y una pequeña cueva de cemento. Era una cueva grande de donde caía un chorro. Había gente con botijos y garrafas llenando sus recipientes porque decían que el agua gorda era buena para hacer la digestión y para los dolores de tripas cuando se come mucho.

Esto no era nuestro caso porque en aquellos tiempos y a nuestra edad las proteínas no abundaban en nuestra dieta. Anduvimos correteando por allí y nos comimos en el bar de Dios nuestra menguada merienda. Nos despedimos del Caño Gordo echando un par de tragos de su enorme fuente y anduvimos por la chopera que había en los alrededores en espera de que empezara la lotería que todas las tardes se jugaba a la sombra de los chopos.

Fotos antiguas de Tetuán

Taller en Tetuán – Madrid. Año: 1955

No tardó mucho en empezar el movimiento a nuestro alrededor. Apareció un personaje seguido de varios con sacos al hombro y empezaron a esparcir por el suelo montones de viejos cartones para iniciar el juego. Un gitano medio cojo con un bastón en la mano, de sesenta años aproximadamente, iniciaba la marcha. Era el dueño del negocio.

Fueron apareciendo los jugadores que poco a poco acabaron llenando la chopera y sentándose, esperaban impacientes que empezara la partida. Aquel espectáculo parecía rememorar el sermón de la montaña. Todos sentados, esperando que ese gran maestro con su bastón, diera instrucciones al chico que cantaba los números. El 22, los dos patitos, el 15, la niña bonita, el abuelo, el 90, mala leche el 13, cari el 14, alguno le toca al 20 y algunos más que he olvidado con el tiempo.

Allí pasamos agradablemente la tarde y al final salimos ganando 14 pesetas que dividimos como buenos hermanos, les di 4 pesetas a cada uno y yo me quede con 6, ellos no sabían dividir y yo sí.

Consumida la tarde y ya entre dos luces mis compañeros preparaban un fin de fiesta para la vuelta a casa. ¡Vamos por los viveros a espiar a las parejas!. Este deporte nunca lo había practicado y me llenó de curiosidad. Salimos de la chopera y marchamos en dirección al cuartel de infantería, pasamos unos árboles enormes y saliendo hacia el colegio de Huérfanos de Ferroviarios nos adentramos como los indios sin hacer ningún ruido en busca de los nidos que las parejas tenia entre la espesura. Como ese era nuestro territorio habitual, nos movimos como comandos de asalto con total profesionalidad, sorprendiendo a las despistadas parejas en sus trabajos amorosos. La verdad es que a mi edad me parecía la experiencia un poco inquietante y ya no lo volví a repetir.

Ya anocheciendo, seguimos ascendiendo hasta llegar al merendero de Gorris cruzando el canalillo y llegamos a la altura de la calle Pirineos, nuestro barrio. Nos despedimos amigablemente pero yo no estaba seguro que buscaría a estos compañeros para otro día perfecto. Ah! , mi nombre de guerra era Pocholo y era muy popular en mi barrio. Mirando hacia atrás hoy soy un hombre de familia responsable, y pienso a veces que debería arrepentirme de algunas de las cosas pasadas… ¿o tal vez no?

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2 comentarios

  1. Aqui Tetuan Manuel 13 Mayo, 2016
  2. Aqui Tetuan Fermin Gutierrez 1 Marzo, 2016

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